Lunes, 16 de julio de 2012

Dedicado a MV

Gracias a una maravillosa idea que un ángel susurro en mi oído, durante la Semana Santa de este año decidí ir a Bogotá, Colombia, para presenciar algunas piezas que se presentaron en ocasión del Festival Iberoamericano de Teatro que se organiza bianualmente en esa maravillosa ciudad. Muchas veces es difícil conciliar lo que se piensa con lo que se hace, la teoría con la practica; sin embargo, hay momentos en los que se debe ser consistente. Es así que cuando se presentan ocasiones como esta en donde se conjugan un evento tan especial y la posibilidad de contar con la mejor compañía posible, hay que aprovecharlas al máximo. Mi compañera y yo planeamos cuidadosamente como podríamos aprovechar de manera eficiente los pocos días que íbamos a estar en Bogotá, y todo salió de maravilla, habida cuenta que pudimos ver 5 obras en tres días, a pesar de ciertas dificultades que se presentaron con los pagos durante uno de los días.

 

La primera impresión de la ciudad fue de un gran orden, limpieza y mucha seguridad en las calles, y fue impresionante constatar que el festival tenia presentaciones en una gran variedad de locaciones. Las obras que presenciamos fueron: “Hecho en Italia”, “Julio Cesar”, “Hamlet”, “Nadie lo Quiere Creer” y “Cocorico”, una combinación que dejó un buen sabor en nosotros. Es de destacar que la infraestructura y ubicación de los teatros estaban perfectamente alineados con el contenido de las obras, y es muy probable que hasta ese detalle lo tomaran en cuenta para la organización del evento.

 

1. Hecho en Italia:

Un “teatro de protesta”, con un sesgo político marcadamente hacia el lado izquierdo del espectro, que a la vez podría inscribirse en la propuesta que Ionesco pone en boca de Nicholas d’Eu en Víctimas del Deber: “Sueño con un teatro irracionalista… Inspirándome en otra lógica y otra psicología aportaría contradicción a la no contradicción, y no contradicción a lo que el sentido común juzga contradictorio. Abandonaremos el principio de la identidad y de la unión de los caracteres en beneficio del movimiento, de una psicología dinámica. No somos nosotros mismos. La personalidad no existe. En nosotros no hay sino fuerzas contradictorias o no contradictorias… Los caracteres pierden su forma en lo informe del devenir. Cada personaje es menos él mismo que el otro… En cuanto a la acción y a la causalidad no hay por qué hablar. Debemos ignorarlas totalmente, por lo menos en su forma antigua, demasiado grosera, demasiado evidente y falsa, como todo lo que es evidente. Nada de drama ni de tragedia; lo trágico se hace cómico, lo cómico es trágico y la vida se hace alegre.” En ese sentido, Hecho en Italia es una crítica directa a Berlusconi, pero también al racismo, a la homofobia y el consumismo, entre otros objetivos del ataque que su director, Enrico Castellani, pero es una crítica que opera por reducción al absurdo, por la repetición de palabras hasta que estas agotan su sentido, por el uso de la música y el baile para concluir de manera poco concluyente sus “argumentos”. También podría verse esta obra, en forma traspuesta, como una exploración sobre lo que significa “ser italiano”, con la advertencia de que el excesivo énfasis en las diferencias podrían ser la raíz de los problemas denunciados.

 

2. Julio César:

El argumento de Shakespeare es clásico: Julio César se ha convertido en un peligro para la república romana y, para preservar el orden político que permitió a Roma convertirse en una potencia en el Mediterráneo, se gesta una conjura para asesinarlo. Arthur Nauzyciel, aprovechando las similitudes que existen entre el imperio romano y el “imperio estadounidense” (véase, por ejemplo: http://www.youtube.com/watch?v=tcxjboVaG28), recrea la clásica historia en un entorno similar al de los Estados Unidos durante período de J. F. Kennedy.  En efecto, la banda de Jazz apoya la idea de la relación de la obra con la historia con la de US, además fue una manera de introducir un narrador. Y las analogías no terminan allí, ya que César es presentado como un líder carismático al que no le tiembla el pulso para tomar decisiones de Estado. Es destacable el uso del vestuario de Marco Antonio, quien aparece al principio como el único que viste deportivamente, parece no tomarse nada en serio y es presentado como el “perrito faldero” de César. Estos elementos ayudan a reforzar en la mente del público el argumento de Bruto para tratar de negociar con Marco Antonio en lugar de matarlo, a la vez que permite que el cambio de actitud de este último luego de la muerte de César sea más notable.

 

3. Hamlet:

 Otro clásico Shakesperiano, en donde el reto era como narrar una vieja historia de un modo nuevo. La adaptación que hace su director, Lee Youn Taek, al ambiente de una corte coreana y la inclusión de elementos chamanicos le dan un distintivo toque oriental al montaje que no hacen más que confirmar el carácter universal de la obra, que ha sido adaptada hasta en dibujos animados como en el caso de “El Rey León” de Disney. El funeral de Ofelia es realmente destacable por su efecto dramático y las técnicas actorales del grupo coreano, muy diferentes de las que estoy acostumbrado a ver en este lado del pacifico. En particular, el grupo logra transmitir la sensación de miedo, propia de la tragedia, con gritos y movimientos muy especiales, en particular, durante la primera parte. Este fenómeno es muy difícil de alcanzar en presentaciones en vivo. También resulta divertido el cambio de género de Rosencrantz y Guildenstern, que en este montaje son dos chicas un tanto agresivas y con un vestuario muy sexy. Sin embargo, mi parte favorita es cuando Polonio se despide de Laertes cuando este parte para Francia, ya que el actor le aporta un toque especial a la exposición de sus consejos, llenos de sabiduría popular. Al final de la obra, y como otro toque humorístico más, los actores logran relajar a los espectadores y sacarlos del estado de tristeza en el que los sumergió inicialmente con un baile tropical muy gracioso, de manera que la gente no llegue triste a sus casas.

 

 4. Nadie lo Quiere Creer:

La Zaranda (Teatro Inestable de Andalucía la Baja) ha llevado a cabo durante más de 30 años una intensa labor creativa que le ha valido una buena reputación a nivel internacional y la ha hecho merecedora del Premio Nacional de Teatro en España en 2010. Nadie lo quiere creer, transcurre en una antigua casa que se va desmoronando por todas partes, “menos por una, la que da a la memoria”, como declara en una entrevista Eusebio Calonge, el dramaturgo de la compañía. La casa está habitada por tres personajes que, como las paredes, son una ruina de lo que fueron. Lo  más notable de esta obra es que las repeticiones de palabras y gestos son utilizadas para acentuar el sinsentido, la persistencia de la vida así sea en forma espectral, al punto de que al final uno queda con la sensación de que el propio montaje es infinito, porque eternamente los personajes retornan al inicio de la obra. Es notable también como,  a pesar de ser tan gris el ambiente donde se desenvuelve la obre, nos deja un buen mensaje sobre el apego a lo material. Los personajes, enfermos y mayores,  se desgastaban haciendo cualquier cosa para adueñarse de una casa en mal estado, sin pensar que apenas les quedaban unos años de vida. “Los espectros brotan a través de las ruinas y los espejos, en la oscuridad de las vidas sin designios y las partes amputadas de la memoria. Un mundo en el que la gangrena va desmembrando a los personajes y a su tiempo, en el que la realidad se embalsama y cualquier acto parece realizado por un taxidermista”, como explica Calonge. Es probable que la propia obra sea un homenaje al teatro, como forma de persistencia de la vida a través de la memoria, esa repetición eterna de la vida, y quizás es lo que quiere decirnos Calonge cuando dice: “El teatro es anterior a las palabras, su mundo ceremonial es el primer contacto divino con el hombre…Nada envejece más rápido que las novedades, que es lo que más se busca hoy en día, ocurrencias momentáneas y superficiales que ya no ‘epatan’ a nadie. La modernidad es el envoltorio de lo efímero. A nosotros nos sigue interesando la esencia del teatro, justo lo que no es fugaz.”

5. Cocorico:

La mejor manera de cerrar el periplo fue con esta refrescante joya del teatro gestual, en donde se realiza una secuencia de divertidos sketches donde se combinan el arte de los mimos, la música, magistralmente interpretada por Philippe Leygnac, y hasta las sombras chinescas. Desde el primer momento comienzan las sorpresas y a impresión que causa el pianista al salir de la maleta, es un inicio que indica que la obra será excelente. Patrice Thibaud, el genial actor francés que nos deleito con sus expresiones, ha señalado que esta obra resume el trabajo de toda una vida, de todo el conocimiento sobre su cuerpo y sobre lo que puede llegar a expresar con él. Leygnac ha hecho teatro clásico y contemporáneo a lo largo de su carrera, pero considera que la esencia del teatro son los gestos y por esa razón decidió remontarse a sus orígenes con esta maravillosa obra, que hace renacer al niño que llevamos por dentro.

 

En síntesis, el viaje fue muy satisfactorio, no solo por la calidad de las obras sino por lo agradable de la ciudad, y espero que dentro de dos años podamos repetir la experiencia.


Publicado por Hakuin @ 17:32
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