S?bado, 29 de octubre de 2011

 

Alguna vez leí una historia muy interesante, pero no he podido recordar dónde ni cuándo, y ni siquiera el poderoso Mr. Google ha podido ayudarme a ubicarla en el ciberespacio. De acuerdo a lo que puedo recordar, el Rey Alfonso X, El Sabio, llamó a sus tres consejeros y les interrogó acerca de cuál sería el juego que mejor se aproximaba a la vida del ser humano. El primer sabio le llevo el juego de dados, diciéndole: “En nuestra vida no nos está dado tener control sobre los procesos causales, de manera que estamos en manos del destino; de la misma forma, no podemos controlar lo que va a salir en cada tirada de los dados. Es por ello que considero que este juego es el más cercano a la condición humana”. El segundo sabio mostró un juego de ajedrez, señalando que “es posible que nos hagamos responsables de nuestros resultados, si asumimos que somos como un jugador de ajedrez. Con la información que recabemos, podemos elaborar estrategias que nos permitan desplegar nuestras fuerzas, tomar control del terreno, y finalmente asestar un golpe certero a nuestro enemigo, y así triunfar en lo que nos propongamos.” Finalmente, el tercer sabio mostró un juego de tablas (Backgammon), y declaró: “Creo que la mejor analogía a la vida humana esta en este juego, en el que cuatro quintas partes del resultado final está determinado por los dados; pero donde, sin embargo, la capacidad estratégica de cada jugador resulta el factor decisivo a largo plazo. Es posible que en muchos casos se sienta que es injusto perder una partida a pesar de haber jugado mejor que el adversario, pero a la larga, la maestría en la estrategia debe imponerse.”

El Rey se quedó muy complacido con las respuestas, y declaró: “Es menester que cada ser humano descubra cual juego está jugando, pero dado que cada uno de los que me han presentado muestra una forma de ver la vida que nos permite enriquecer nuestra comprensión, voy a encargar que se escriba un libro sobre estos maravillosos pasatiempos.” Como sea que haya sucedido, lo cierto es que en el año 1283 aparece la edición original del “Libro del Ajedrez, Dados y Tablas”, firmada por Rey Sabio. Yo tiendo a pensar que los juegos surgen como metáforas de la vida, una especie de “modelo” simplificado de la forma en que los humanos tomas decisiones en la realidad; y, como Leibniz, considero que constituyen un banco de pruebas para el ingenio humano.

Mi aproximación a uno de los juegos estudiados por Alfonso, el backgammon, fue un tanto lenta al principio. Zabala, uno de mis rivales en ajedrez, de la época en que me encontraba absorbiendo estrategias y tácticas del juego ciencia como una esponja, me enseñó las reglas del juego de backgammon, y mi primera impresión era que se trataba de una especie de “ludo” en donde las fichas se mueven en direcciones opuestas. De manera que las paridas de backgammon sólo me parecían un frívolo descanso en medio de nuestras batallas ajedrecísticas. Cinco años después, mi buen amigo Rodolfo Méndez me regaló un programa de backgammon para la Apple IIc, que recién estaba estrenando, como agradecimiento por haberlo convertido en mi proveedor exclusivo de programas para esta computadora. Un día decidí probar el programa en cuestión, y, para mi sorpresa, me pareció bien interesante el juego en ese momento. Una característica del programa fue lo que me puso en el camino de ser un fanático del backgammon: el programa permitía volver a jugar la misma partida de nuevo, y podía mejorar mis jugadas con el conocimiento de la secuencia exacta de dados “por salir”. La idea de que había jugadas buenas de acuerdo a posibles tiradas de dados me hizo meditar un tiempo, ya que en una situación con incertidumbre debía haber jugadas buenas para la distribución completa de tiradas posibles.

Como no disponía de libros de backgammon, ni de dinero para comprar alguno, decidí que la práctica intensa era el único camino que disponía para mejorar mi compresión del juego. Por suerte, pude convencer a dos amigos, Paúl y David, para que se fueran unos cuantos fines de semana a mi casa a jugar. David fue quien finalmente se sintió absorbido por la pasión del juego, y se convirtió tanto en mi rival más encarnizado como en un excelente compañero de estudio. Más adelante Paúl, que había decidido no seguir compitiendo con nosotros, me regaló el clásico libro de Jacoby y Crawford, que se convirtió en una biblia para nosotros, y que luego supe era el primer libro sobre el juego escrito desde un punto de vista analítico. Ya nosotros sabíamos que era bueno ocupar picos en nuestro propio cuartel interior, ya que dificultaba la salida de cualquier ficha enemiga que se encontrara en la barra, pero saber si con un 5-3 como primer tiro es mejor ocupar de inmediato el propio pico 3 o traer dos fichas desde el pico 12 enemigo hasta los picos 10 y 8 propios, era algo que no podíamos discernir por nosotros mismos. Además, comprendimos la forma de aplicar el cálculo de probabilidades al juego; una cosa que de alguna manera ya hacíamos de manera intuitiva, pero inexacta. En términos de estrategia, el enfoque de Jacoby y Crawford era relativamente conservador, y mi amigo David se hizo un acólito de este estilo de minimización del riesgo; aunque en mi caso, siempre hubo un poco de inconformidad con este enfoque. Sin embargo, mis experimentos en pos de un estilo distinto, donde se tomaran mayores riesgos, usualmente me llevaron al fracaso, y a perder importantes sumas de dinero, no sólo contra David, sino contra algunos de los nuevos miembros del círculo de jugadores que habíamos podido reclutar en la escuela de economía de la UCV. De manera que por un tiempo, tuve que refugiarme en las recomendaciones de los Maestros Jacoby y Crawford, especialmente en las partidas con apuestas.

Tiempo después, David y su novia me visitaron en mi casa de la Isla de Margarita, y, por supuesto, mi amigo llevó su tablero de backgammon para que continuáramos nuestra eterna confrontación. Decidimos ir a pasear a la Isla de Coche, ya que ellos no la conocían, y quedamos en alquilar un par de habitaciones en una posada. Durante el viaje de ida a esta Isla, sucedió una de esas cosas que me hace pensar que la vida es una aventura muy divertida. Estábamos mi amigo y yo jugando un match en una mesa del ferry, cuando un señor que seguramente tenía el doble de edad que nosotros, pidió permiso para sentarse a ver el juego. Era un señor que parecía ser un hombre de negocios, y cuyos modales reflejaban un alto nivel educativo y cultural. En algún momento nos comentó que su hermano era un excelente jugador de backgammon, y que coleccionaba tableros confeccionados de los materiales más variados.  Luego conversamos sobre el origen del juego, y la evolución de algunas de sus reglas. Finalmente, cuando nuestro match concluyó, el caballero nos pidió que jugáramos con él un par de partidas. La primera partida la jugó conmigo, y lo único que recuerdo es que barrió el piso conmigo, ¡no tuve la menor oportunidad de evitar mi derrota! David se paró un momento y trajo los cubiletes para que jugáramos con ellos, ya que habíamos estado lanzando los dados con la mano. Mi amigo se sentó a continuación frente a nuestro invitado, y la lucha fue muy pareja al comienzo; hasta un momento en el que el señor hizo una jugada que me hizo sentir como si un rayo atravesara un cielo despejado, ¡ese era el tipo de jugadas que había estado buscando! David se quedó muy impactado también, porque era una jugada que parecía muy arriesgada, lanzó sus dados y estos no lo favorecieron. A continuación, el Maestro terminó ganando cómodamente el juego.

 

En ese momento, David me dijo que buscáramos unos refrescos para todos y, cuando estuvimos solos, me señaló que el señor había hecho trampa en la primera partida, ya que hacía correr sólo uno de los dados, mientras colocada hábilmente el otro: esa era la razón por la cual él había traído los cubiletes. Sin embargo, eso no podía explicar lo que había pasado en la segunda partida. Yo le dije que mi cerebro estaba funcionando a toda prisa para entender la naturaleza de las estrategias implementadas por nuestro rival, y que creía que ya entendía algo. Al regresar, le dije al caballero que era mi turno, y colocamos las fichas en la posición de salida. La partida fue sangrienta, muchos “blots” (fichas aisladas, susceptibles de ser capturadas) dispersos por el tablero, y fichas que iban y venían a la barra. En algún momento, la posición fue asentándose y, gracias a unas buenas tiradas, obtuve una ligera ventaja en términos de adelanto en la carrera. El señor decidió quemar las naves y trató de revolver la posición, hasta que sucedió algo que nunca olvidaré: ¡se me presentó la posibilidad de hacer una jugada muy similar a la que el Maestro había hecho ante David! Sin todavía estar claro con la “teoría” detrás de dicha jugada, la hice por un “acto de fe”… luego el señor lanzó sus dados… ¡y no lo favorecieron! Luego de esto pude ganar la partida sin dificultad. El señor levantó la mirada y me dijo: “¡qué buena partida! Fue un gusto haber jugado con ustedes”, al tiempo que nos señalaba hacia un puerto que estaba cada vez más cerca. El viejo jugador se alejó para reunirse con sus compañeros de viaje, y nunca más lo vimos de nuevo.

 

 

 


Publicado por Hakuin @ 14:15
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Comentarios

Este post es muy emocionante Julio. Aprovecho la ocasión para darte las gracias por haberme enseñado a jugar backgamon, me he divertido mucho; cuando lo conoces bien, se vuelve apasionante. Confieso que he practicado más de lo que he estudiado, por eso no termino de arriesgarme con las apuestas, y tambié gracias a que una amiga iraní que tenía en USA, me demostró lo mucho que me faltaba por aprender.Faraon egipcio

Publicado por Kamiya Kaoru
Domingo, 30 de octubre de 2011 | 6:23

Durante más de 20 años he creído que aquel Sr. Jugador del Ferry simplemente nos hizo trampas con los dados. No obstante, ahora dos décadas más tarde, por la impresionante memoria de mi amigo Julio debo reconocer que a partir de ese encuentro de una, hubo para mí un aprendizaje crucial, esa lección me funcionó en nuestros más rudos enfrentamientos: La mitad del dado. (El resto del comentario excede los 1000 caracteres, lo pongo a disposición).


Publicado por Santiago David
Jueves, 12 de enero de 2012 | 15:20

... Continuación
El Sr. Jugador del Ferry, obviamente muy hábil, intentó disimular cuán excelso contrincante era, más tampoco deseaba perder, aún sin interés crematístico alguno, ante ese par de jóvenes veinteañeros afiebrados con nuestro primer tablero de Backgammon. Antes de incorporar los cubiletes, el Sr. Jugador del Ferry podía colocar un dado ¿y después qué? Después solo podía determinar su estrategia, su combinación y su dado más importante, casualmente el que jugaba o analizaba primero. Así en consecuencia, “la trampa” implicaba identificar más allá de sus combinaciones favorables o desfavorables, el dado crítico para poder o bien avanzar o contraatacar. De las 36 combinaciones hay hasta 18 mitades de mayor prioridad que su segunda mitad.

Publicado por Santiago David
Jueves, 12 de enero de 2012 | 16:26

...Continuación

Al respirar el aire infinito de Coche cada quien sacó sus reflexiones. Mi amigo Julio invirtió un tiempo reconduciendo su forma de jugar, regocijado en la existencia de un estilo de juego más llamativo, donde el riesgo abierto, notorio, fuese reconocido como estrategia. Por mi parte, ofuscado en rebajar la imagen del Sr. Jugador del Ferry a la de un tahúr, muy pronto mascullando en secreto, me vi obligado a comprender que el riesgo es tan inevitable en el Backgammon como en la vida, tanto en uno como en la otra muchas veces el peor de los riesgos consiste en “no arriesgarse”.

Publicado por Santiago David
Jueves, 12 de enero de 2012 | 16:29

...Continuación
Hasta ese momento Julio y yo solo habíamos enfrentado a Paul y a los 128KB de RAM de la computadora Apple IIc. Esta entrada del blog, con el episodio con el Sr. Jugador del Ferry me ha permitido recordar cuando Julio nos invitó a Paul y a mí, a su casa, yo ya tenía algún tiempo buscando aprender este juego porque había visto a la actriz Gloria Pires practicarlo en una telenovela cuyo título califica perfectamente nuestra sempiterna lucha en el tablero de Backgammon: Vale Todo.   
Fin

Publicado por Santiago David
Jueves, 12 de enero de 2012 | 16:30