Martes, 11 de octubre de 2011

 

Acabo de terminar de leer el magnífico libro de Jakob Aagaard llamado “Excelling at Chess”, y ha sido una experiencia muy emocionante, en virtud del estilo profundamente filosófico que tiene el autor. Me ha recordado al gran Lasker, quien en su libro dirigido a los principiantes (Lasker’s Chess Manual) deja una que otra perla de sabiduría entre sus páginas. El estilo de Aagaard es provocador y tiene la virtud de provocar profundas meditaciones sobre la naturaleza del “juego ciencia”. Yo quiero en esta ocasión discutir una de las definiciones que da del propio juego de ajedrez (!): “El ajedrez es un conjunto de reglas que interactúan”.

Para comenzar a exponer mi punto de vista sobre esta maravillosa definición, voy a aprovechar para tomar elementos prestados de dos ramas de la economía: la economía institucional y la teoría de los juegos. En el primer caso, podemos tomar la definición de Douglas North, en su trabajo seminal Institutions (Journal of Economic Perspectives, 5 (1), 1991), en el que define institución como una restricción artificial (creada por los seres humanos) que estructura las interacciones sociales, políticas y económicas. Las instituciones pueden ser formales, como las leyes, o informales, como las costumbres; pero lo más importante es que condicionan la conducta individual en aras de garantizar la estabilidad de las sociedades. En el caso del ajedrez, existen reglas formales que tienen como núcleo las “Leyes de la FIDE”, y donde se especifica tanto la forma de jugar el juego como el funcionamiento de los sistemas de torneo y el uso de los controles de tiempo. Los ajedrecistas están sometidos también a reglas formales (en muchos casos, acordadas con los jugadores para ser aplicadas en competencias particulares) e informales que codifican su conducta extra-ajedrecística (códigos de ética), de manera de prevenir resultados que no sean ajustados a la fuerza ajedrecística relativa de los jugadores (obtención de ayuda externa, ataques a la concentración del rival, etc.).

 

Sin embargo, estas reglas que conforman el “deporte” ajedrecístico, no constituyen la totalidad de las reglas de las que habla Aagaard. Para aproximarnos al significado de su definición, vamos a desarrollar un sencillo juego. Supongamos que manejamos en caminos de doble vía, y que no hay una institución que diga que se debe manejar por algún canal especifico; pero las “reglas del juego” si especifican que hay otro jugador que viene en sentido contrario y que si ambos van por el mismo canal, el choque será muy costoso para ambos, y que si ambos van por canales distintos, ambos ganan. Está claro que las reglas de juego definen todas las “partidas” posibles, pero no dicen nada a priori sobre cómo se debe jugar. Sin embargo, una examen más detallado permite inferir que este juego posee dos “equilibrios de Nash”: uno en que ambos toman por su derecha y otro en el que ambos manejan por su izquierda. En este caso, como hay más de un equilibrio, la adopción de una institución puede ser una solución aceptable por ambos individuos, para erradicar los accidentes.

Volviendo al ajedrez, las reglas formales sobre cómo mover las torres, peones, y demás piezas, mas la alternancia en los turnos, la definición de jaque mate, la regla de las tres repeticiones, etc., implícitamente definen el total de partidas posibles de ajedrez, pero no nos dice nada sobre cómo debemos jugar en una partida concreta para derrotar a nuestro rival. Y lamentablemente, el ajedrez es tan complejo que el concepto de equilibrio de Nash no resulta útil en la práctica (véase la entrada anterior sobre Marion Tinsley y la resolución del juego de damas para una discusión sobre temas computacionales en juegos de estrategia).

Para guiar nuestras jugadas, en el ajedrez disponemos de “reglas de decisión”, que constituyen elementos de juicio para elegir la “mejor jugada” en cada posición de cada partida que juguemos. Estas reglas pueden ser generales o estar ligadas a ciertas clases de posiciones o fases del juego (por ejemplo: apertura, medio juego o final). Algunos ejemplos de estas reglas de decisión serian: “responde a un ataque al flanco con un golpe en el centro”, no hay que tener prisa en la ejecución de los planes en los finales”, y “para ejercer la máxima presión posible, se deben atacar las debilidades del rival”.

Podría decirse que la maestría se adquiere en la medida en que nuestro arsenal de reglas de decisión se enriquece. Pero además, se debe desarrollar un criterio de jerarquización entre reglas que potencialmente pueden colidir si tratamos de aplicarlas a una posición específica. Es en ese momento que el juego se convierte en un “conjunto de reglas que interactúan”, en donde cada partida cae dentro del conjunto de posibilidades definido por las reglas formales, pero con un carácter lógico que podemos reconocer por que en su desarrollo se han usado reglas de decisión. Las reglas de decisión no solo abarcan el “juego posicional”, con temas como la “ventaja de la pareja de alfiles”, la “posición avanzada”, el “complejo de casillas débiles”; sino que también incluye los llamados “temas tácticos” y las “combinaciones típicas”, en un nivel de razonamiento mas concreto. Usando reglas para orientar el diseño de nuestros planes estratégicos y la implementación de operaciones tácticas, podemos al menos tomar decisiones “educadas” que nos podrían dar ventaja sobre los jugadores que no poseen ese instrumental.

Estoy cada vez más convencido de los que Aagaard dice en un capitulo anterior, en el que postula que la mayoría de las partida se definen por la diferencia en la comprensión del juego posicional entre los jugadores. Y yo añadiría que es notable como la historia del ajedrez nos ha enseñado que mientras que la evolución de las ideas posicionales ha seguido el modelo de los paradigmas (Kuhn), las ideas tácticas se han desarrollado por acumulación de conocimientos. En este sentido, es menester recordar la audaz hipótesis de Richard Reti, quien postulo que el desarrollo del ajedrecista tiende a reproducir el propio desarrollo histórico del juego (la ontogénesis reproduciendo la filogénesis!).

Otra de las implicaciones de la definición de ajedrez de Aagaard es que parece ir a contracorriente de lo que es la “escuela” ajedrecística predominante hoy en día. Actualmente, los ajedrecistas nos movemos inmersos en un paradigma llamado “ajedrez dinámico”, cuyo heraldo fue el gran Kasparov. En este paradigma, el enfoque de las partidas está más cerca del ajedrez romántico y el hipermoderno, que del ajedrez clásico, más cerca de Chigorin que de Steinitz. Es por ello que Watson, por ejemplo, habla en su interesante libro sobre los avances en el juego posicional después de Nimzowitch, de la “rule-independence” como un principio del ajedrez actual, en línea con el evangelio chigoriniano que predicaba en contra del uso de ideas estereotipadas.

Sin embargo, sigo pensando que la definición de Aagaard es muy iluminadora si nos movemos a la esfera individual, a la esencia de lo que se ha llamado “estilo ajedrecístico”, ya que un jugador no solo debe absorber el paradigma predominante, sino que además debe ser capaz de crear sus propias reglas, adaptadas a su propia personalidad. Y es aquí que cobra relevancia lo que Kasparov llamo “verdadero jugador de ajedrez”, definido como aquel que sabe cuál es el lugar adecuado para cada una de sus piezas, dada la conformación de los peones. Y los verdaderos jugadores son los que pueden hacer que su estilo sea digno de ser imitado, ellos son los promotores de los cambios de paradigma en el ajedrez, con lo que el ajedrez pasa a ser no solo un deporte y una ciencia, sino también un arte. Al final, la belleza del juego está en la agitación que produce en nuestra imaginación (como diría Mikhail Tal). Cuando Alekhine estaba comenzando a ser reconocido como un verdadero jugador de ajedrez, que jugaba como “debe hacerlo un campeón mundial” (de acuerdo a Tartakover), el Maestro mexicano Carlos Torre le pregunto al viejo Maestro Siegbert Tarrasch como le podría ganar a Alekhine, este le dijo: “solo tienes que hacer la mejor jugada cada vez que sea tu turno”.


Publicado por Hakuin @ 1:44
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