S?bado, 12 de junio de 2010



A pesar de que la religi?n constituye ?un sistema compartido de creencias y pr?cticas asociadas, que se articulan en torno a la naturaleza de las fuerzas que configuran el destino de los seres humanos?[1], dichas creencias, independientemente de su valor de verdad, tienen un impacto de gran importancia en la conducta de los individuos. Una persona que profesa un fe religiosa puede actuar en el mundo natural, pero impl?citamente, en su mente, esta interactuando con entes sobrenaturales. Incluso cuando piensa, juzga o se propone hacer algo, esta interacci?n esta presente. En muchos casos esta interacci?n es amorosa, y en otros nuestro esp?ritu se encuentra en una autentica batalla espiritual.

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En estas batallas mentales para conquistar el cielo, el nirvana o liberarnos del enga?o y unificarnos con lo absoluto, aparece naturalmente la pregunta sobre cual es el papel del pensamiento estrat?gico en la experiencia religiosa. Dado el particular acercamiento que he tenido tanto con el Cristianismo como con el Budismo, voy a trabajar con ejemplos de estas religiones. No hay la pretensi?n de exponer hasta el m?nimo detalle de estos sistemas religiosos, sino solo destacar aquellos aspectos que considero relevantes para reforzar mi tesis de que incluso en ausencia de conductas puramente? ego?stas, el pensamiento estrat?gico es una herramienta de gran valor.

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En el pensamiento budista, el punto de partida son las ?Cuatro Nobles Verdades?: La verdad del sufrimiento (Dukkha), la verdad del origen del sufrimiento, la verdad de la cesaci?n del sufrimiento, y la verdad de la existencia del Sendero de Pr?ctica que conduce a la Cesaci?n de Dukkha. No pareciera necesario ser un refinado estratega para ejecutar este plan de apariencia tan simple[2], pero el camino esta lleno de trampas, como lo ilustran las siguientes historias zen:

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  1. ?Nanyue pregunta a este Mazu qu? es lo que busca en la meditaci?n. Mazu le responde que busca convertirse en Buda. Entonces Nanyue coge una teja y se pone a pulirla. Mazu le pregunta la raz?n. "Para hacer un espejo", responde Nanyue. "?Como puede hacerse un espejo puliendo una teja?", pregunta Mazu. Y Nanyue le responde "?Como se puede convertir uno en buda por la meditaci?n sentada?"[3]
  2. ?El maestro Zen Mu-nan sab?a que no ten?a m?s que un sucesor: su disc?pulo Shoju. Un d?a le hizo llamar y le dijo:

- Yo ya soy un viejo, Shoju, y eres t? quien debe proseguir estas ense?anzas. Aqu? tienes un libro que ha sido transmitido de maestro a maestro durante siete generaciones. Yo mismo he a?adido al libro algunas notas que te ser?n de utilidad. Aqu? lo tienes. Cons?rvalo como se?al de que eres mi sucesor.

- Har?as mejor en guardarte el libro, replic? Shoju. T? me transmitiste el Zen sin necesidad de palabras escritas y ser? muy dichoso de conservarlo de este modo.

- Lo s?, lo s? ? dijo con paciencia Mu-nan. Pero a?n as? el libro ha servido a siete generaciones y tambi?n puede ser ?til para ti. De modo que t?malo y cons?rvalo.

Se hallaban los dos hablando junto al fuego. En el momento en que los dedos de Shoju tocaron el libro, lo arroj? al fuego. No le apetec?an nada las palabras escritas.

Mu-nan; a quien nadie hab?a visto jam?s enfadado, grit?:

- ?Qu? disparate est?s haciendo?

Y Shoju le replic?:

- ?Qu? disparate est?s diciendo??

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Abundantes enigmas para la mente y grandes dificultades en el correcto seguimiento del camino, hacen dif?cil de creer que s?lo con recetas simples se pueda lograr el objetivo ?ltimo dentro del budismo: la iluminaci?n de todos los seres sensibles. ?Existe alg?n fundamento para mi presunci?n de que el pensamiento estrat?gico tiene un papel en esta religi?n? Mi punto de vista es que la respuesta es afirmativa. En 1996, el Dalai Lama dict? una serie de conferencias en Londres sobre las cuatro nobles verdades. En una de las charlas, el Maestro se refiere a los llamados cuatro principios del an?lisis budista:

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  1. Principio de la naturaleza: postula la existencia de las cosas y la afirmaci?n de que a toda causa le sigue su correspondiente efecto.
  2. Principio de eficacia: est? relacionado con la capacidad propia de las cosas para producir ciertos resultados en funci?n de su naturaleza.
  3. Principio de dependencia: de los dos primeros se deduce la existencia de una dependencia natural entre las cosas y los acontecimientos, entre causas y efectos.
  4. Principio de validez: postula que es posible establecer mentalmente la interrelaci?n entre causa y efecto.

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Estos principios ontol?gicos y epistemol?gicos hacen posible el uso del pensamiento estrat?gico para el logro de los fines del budismo, sin que esto implique el uso de la agresi?n o la amenaza, ya que la compasi?n por todos los seres sensibles es uno de los pilares de esta religi?n. Un ejemplo notable de esto est? en la historia contada por el Dalai Lama durante las mencionadas charlas: ?Saripputra , uno de los jefes de los disc?pulos de Buda, sab?a que si ense?aba la doctrina b?sica del Shravakayana (cuatro nobles verdades) a un grupo de quinientos disc?pulos potenciales, estos aprender?an la verdad y llegar?an a ser arhats (esto significa ?el que ha dominado a los sentimientos negativos?). Sin embargo, el bodhisattva llamado Manjushri intervino y les ense?? la doctrina del Mahayana (?El gran veh?culo?) acerca de la vacuidad. Los quinientos disc?pulos interpretaron la doctrina como el nihilismo total, como la negaci?n de la validez de la totalidad de lo real. A partir de aqu?, todos ellos desarrollaron puntos de vista err?neos acerca de la naturaleza del camino y de la realidad y, en consecuencia, se dice que crearon acciones k?rmicas que les condujeron a los reinos m?s bajos de la existencia. Saripputra busc? a Buda y le explic? que si Manjushri le hubiera permitido guiar a esas quinientas personas, habr?an alcanzado, si no la plena iluminaci?n, altos estadios de conocimiento. Buda respondi? diciendo que, de hecho, Manjushri hab?a puesto en pr?ctica el principio de la habilidad. Manjushri sab?a que aquellas personas, en un corto per?odo de tiempo, iban a llevar a cabo acciones negativas basadas en sus err?neos puntos de vista, pero tambi?n sab?a que al haber implantado en sus conciencias la doctrina de la vacuidad, aquella semilla madurar?a y les conducir?a a la iluminaci?n. En realidad, les hab?a ayudado a acortar el camino que conduce hasta la iluminaci?n.? Un excelente ejemplo de ir un paso atr?s para poder dar dos hacia adelante.

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Sin embargo, en no pocos casos los estrategas budistas sufren derrotas en las batallas de la mente, y es all? donde hace falta el refuerzo de un verdadero Maestro. Una de mis historias favoritas en este respecto es el del encuentro del Maestro Zen Pai Chang con un zorro. Una vez mientras estaba dando una conferencia, un cierto hombre viejo, canoso y con barba blanca, estaba sentado entre la audiencia. Al final de la conferencia, el hombre viejo se acerc? a Pai-Chang y le dijo, ?Maestro, por favor deme un chuan-yu (palabras que cambian la concepci?n de una persona)?. Y continu? diciendo ?Hace quinientas vidas, ya era un practicante. Pero en ese momento dije a los dem?s que un practicante Chan no est? sujeto al karma (causas y consecuencias). Desde entonces he renacido como zorro, vida tras vida. ?Hay algo que me pueda decir para ayudarme a dejar la vida de zorro?? Pai-Chang dijo, ?Escucha, en lugar de decir no estar sujeto a causas y consecuencias, deber?as decir ? las causas y consecuencias nunca fracasan.? Despu?s de o?r esto, el hombre viejo estaba muy contento, hizo tres postraciones y se march?. Al d?a siguiente, Pai-Chang y sus disc?pulos recogieron el cad?ver del zorro y le dieron el entierro de un monje.

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Por supuesto que no puedo dejar de mencionar la influencia que el budismo tuvo en el desarrollo de las artes marciales. Y es que el cultivo de la recta concentraci?n y la recta acci?n, la vacuidad de las cosas y su impermanencia han sido conceptos? que han impregnado la filosof?a de muchos guerreros orientales. Un caso notable es la fusi?n, durante siglos, del budismo zen con el esp?ritu samur?i en el Jap?n medieval. Una peque?a historia puede servir para ejemplificar esta simbiosis. Despu?s de ganar varios concursos de arquer?a, el joven y jactancioso campe?n ret? a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostr? una notable t?cnica cuando le dio al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego parti? esa flecha con el segundo tiro. "Ah? est?", le dijo el viejo, "?a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invit? al joven arquero a que lo siguiera hacia la monta?a. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campe?n lo sigui? hacia lo alto de la monta?a hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un fr?gil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligi? como blanco un lejano ?rbol, desenfund? su arco, y dispar? un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente". Esta clase de historias debieron haber causado una gran impresi?n en el alem?n Eugene Herrigel, quien vivi? en Jap?n entre 1925 y 1929 a ra?z de su contrataci?n como profesor de filosof?a en la Universidad Imperial Tohoku. Durante su estancia en Jap?n, Herrigel estudi? el budismo zen y entren? en el arte de la arquer?a tradicional. Un d?a que su Maestro, el gran Kenzo Awa, explicaba que el arte del tiro con arco consiste en dejar partir la flecha sin intenci?n de triunfar, en tirar sin apuntar, su disc?pulo europeo Herrigel no pudo impedirse decir:

?En este caso, ?usted ser?a capaz de tirar con los ojos vendados??

El Maestro pos? largamente su mirada sobre ?l?antes de darle una cita para esa misma noche. Ya hab?a oscurecido cuando Herrigel fue introducido en el dojo. El Maestro Awa le invit? primero a un cha-no-ryu (ceremonia de t?) que ?l mismo ejecut?. Sin decir una palabra, el anciano Maestro prepar? cuidadosamente el t?, lo sirvi? con una infinita delicadeza. Cada uno de sus gestos se desenvolv?a con la precisi?n y la belleza que s?lo una gran concentraci?n puede dar. Los dos hombres guardaron silencio para saborear cada instante de este armonioso ritual. Un instante de eternidad, como dicen los japoneses.

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El Maestro atraves? a continuaci?n el dojo, seguido de su visitante, para situarse frente al recinto donde se encontraban los blancos, a sesenta metros de all?. El recinto de los blancos apenas estaba iluminado, sus contornos casi no se divisaban. Siguiendo las instrucciones del Maestro, Herrigel fij? all? un blanco sin encender la luz. A su vuelta vio, que el anciano arquero estaba preparado para la ceremonia del tiro con arco. Despu?s de haber saludado en direcci?n del blanco invisible, el Maestro se desliz? como si resbalara sobre el suelo. Sus movimientos se suced?an con la lentitud y la fluidez del humo que evoluciona suavemente en el viento. Los brazos se levantaron, despu?s bajaron. El arco se tens? tranquilamente hasta que la flecha parti? bruscamente, hundi?ndose en la oscuridad. El Maestro permaneci? inm?vil, con los brazos suspendidos, como si acompa?ara la flecha hacia su destino desconocido, como si el tiro continuara en otro plano. Despu?s, de nuevo, el arco y la flecha danzaron en sus manos. La segunda flecha zumb? a su vez y fue tragada por la noche. Herrigel se precipit? a alumbrar el recinto, impaciente por ver d?nde se hab?an clavado las flechas. La primera estaba en el coraz?n del blanco. La segunda estaba justo al lado, ligeramente desviada por la primera a la que hab?a tocado y arrancado varios cent?metros de bamb?. Al volver con el blanco, Herrigel felicit? al Maestro por su proeza. Pero ?ste replic?:

?El m?rito no me pertenece. Esto ha sucedido porque he dejado que algo act?e en m?. Es este ?algo? lo que ha permitido que las flechas se sirvan del arco para unirse al blanco.?



[1] G. Lenski, El factor religioso (p?g. 316). Ed. Labor (Tomado del art?culo ?Religi?n? de la Wikipedia).

[2] El plan ser?a algo as? como 1. Comprender la primera verdad, 2. Abandonar la segunda verdad, 3. Realizar la tercera verdad, y 4. Desarrollar la cuarta verdad.

[3] Es notable como el Maestro Dogen, un defensor a capa y espada de la meditaci?n silenciosa, voltea la interpretaci?n superficial de esta historia al expresar: No hay polvo sobre la teja, solo pulimos la teja como a una teja. All? se manifiestan los m?ritos de hacer un espejo, se trata del trabajo de budas y patriarcas. Si el pulido de una teja no hace un espejo, incluso el pulido de un espejo no podr?a hacer un espejo. Qui?n sabr?a comprender que en este hacer hay un devenir buda y un hacer espejo.


Publicado por Hakuin @ 15:00
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