
Las victorias de Aníbal originaron un efecto domino que le trajo a Cartago nuevos aliados. Sin embargo, como veremos a continuación, una increíble secuencia de sucesos inesperados impidió que Cartago capitalizara el efecto de la campaña de Aníbal en Italia. Aunque no hay que descartar un factor de gran importancia: El hecho de que Roma volvió a adoptar las tácticas fabianas en la península, mientras esperaba poder llevar el eje de la guerra hacia otros territorios, como Hispania y el norte de África. Mientras escribo esto, me vino a la mente una analogía: En el periodo que va desde las campañas de Pirro de Epiro a la tercera guerra macedónica, Roma se me asemeja a un campeón de la lucha libre americana de los años noventa, llamado El Enterrador (The Undertaker). Este luchador siempre recibía una paliza en la primera fase de la pelea, pero luego se volvía a levantar, como impulsado por energías sobrenaturales, y terminaba propinándole una verdadera tunda a su desdichado rival.
Poco después de la Batalla de Cannas, los nativos de Cerdeña se rebelaron en contra de los romanos y pidieron ayuda a Cartago. Sin embargo, el contingente cartaginés al mando de Asdrúbal el Calvo fue derrotado por los romanos en la Batalla de Cornus (215 a.c.). Por su parte, un nuevo genio militar, Marco Claudio Marcelo, reforzaba al ejército romano del sur de Italia. Aníbal estableció su cuartel general en Capua y decidió invadir Nápoles, pero fue vencido por primera vez por los romanos, al mando de Marcelo, en Nola (215 a.c.). Al año siguiente, Filipo V de Macedonia se alía con Aníbal en contra de Roma, en lo que se conoce como la primera guerra macedónica. Los macedonios planearon una operación envolvente desde Grecia, pero su estrategia fracasó; en este caso, los romanos fueron efectivos en evitar el encuentro del ejército macedonio con el cartaginés, gracias a su superioridad naval, el establecimiento de alianzas con la liga Eolia y el Reino de Pérgamo, y la acertada decisión de enviar al Marco Valerio Levino al mando de las tropas romanas para la contención del avance macedonio en Grecia.
El reino de Siracusa también se declaró aliado de Cartago en 212 a.c., luego de la muerte de Hierón II, un antiguo aliado de los romanos. Los romanos enviaron a Marcelo a destruir a Siracusa, y así evitar que Sicilia se convirtiera en una base de operaciones para Cartago. La ciudad de Siracusa había sido capaz en épocas anteriores de resistir el asedio de griegos y cartaginenses, y ahora parecía aún más segura, al contar con un buen ejercito dirigido por Hipócrates y los desarrollos tecnológicos aplicados a la defensa de la ciudad, introducidos por el matemático Arquímedes. Marcelo desistió por un tiempo del asalto directo y estableció un sitio, mientras se ocupaba en sofocar las pequeñas rebeliones que se presentaron en el resto de la isla. Luego, ataco por sorpresa Siracusa, a través de un punto vulnerable de su defensa y durante la celebración de un festival: Siracusa cayó así en manos romanas[1]. Mientras tanto los romanos organizaron una campaña para castigar a la ciudad de Capua, por el apoyo logístico prestado a Aníbal. La ciudad fue sitiada, y Aníbal trato de liberar el asedio maniobrando en contra de Tarento y de la misma Roma, pero los sitiadores, con el refuerzo de tropas adicionales al mando de Quinto Fulvio Flaco no dejaron de asfixiar a Capua hasta que esta se rindió[2]. Fabio Máximo aprovecho la apertura creada por la caída de Capua para tomar Tarento, y reducir a 30.000 de sus habitantes a la esclavitud.
En el otro escenario de la guerra, Hispania, los hermanos Cneo Cornelio Escipion y Publio Cornelio Escipion, habían logrado algunos avances entre 218 a.c. y 212 a.c., pero el ataque combinado de los ejércitos de los dos hermanos de Aníbal, Asdrúbal y Magón, terminó en la destrucción del ejército romano. Pero en 209 a.c., Publio Cornelio Escipión (hijo), uno de los más grandes líderes militares de la historia, desembarco en Hispania y lanzo un ataque sorpresivo en contra de los cartaginenses, derrotando los hermanos Barca, y conquistando la ciudad de Nueva Cartago (Cartagena).
Luego de 10 años de campaña en Italia, y habiendo fallado la estrategia de reforzar su ejército de Italia con aliados, Aníbal decidió llamar a su hermano Asdrúbal desde Hispania y atacar con un ejército masivo a los romanos. Publio Cornelio Escipión trato de crear un cerco para impedir que se enviaran refuerzos, pero Asdrúbal pudo pasar y, repitiendo el paso por los Alpes, llego al norte de Italia con un gran contingente, al que se habían unidos galos y ligures anti-romanos. Los romanos sabían que era de vital importancia evitar la fusión de los ejércitos cartaginenses, de manera que enviaron al Cónsul Marco Livio Salinator al norte, a detener el avance de Asdrúbal, mientras que al Cónsul Gayo Claudio Nerón le ordenaron que cerrara el paso de Aníbal. Asdrúbal envió un mensaje a su hermano para reunirse con él al sur del rio Metauro, pero el mensaje nunca llego a las manos de Aníbal. Nerón, al conocer el contenido del mensaje, decidió seleccionar a 20.000 soldados para moverse rápidamente al norte y reforzar a Salinator. La maniobra posicional de Nerón, que fue complementada brillantemente con un movimiento envolvente durante la batalla, resulto decisiva para la importante victoria romana en la Batalla del Metauro, de cuyo resultado se enteró Aníbal al ser arrojada en su campamento la cabeza de su hermano. A partir de este momento, Aníbal no pudo hacer más progresos en Italia.

Había llegado la hora de la ofensiva romana, luego de años de aguantar, uno tras otro, los intentos de Aníbal de acabar con Roma. En primer lugar, Escipión con un ejército de 48.000 hombres se enfrentó a una fuerza de 75.000 cartaginenses, comandados por Magón y Gisco. A pesar de su superioridad numérica, los cartaginenses rehuyeron el combate hasta que fueron forzados por los romanos. En la Batalla de Ilpa, Escipión colocó a sus aliados hispanos en el centro y lanzó a sus tropas de elite a los flancos del ejército enemigo. Luego de destruir ambos flancos, la aniquilación del centro enemigo fue una tarea sencilla. Esta batalla termino para siempre el dominio cartaginés en Hispania. Con el control de Hispania y Sicilia, los romanos estaban en posición de lanzar su ofensiva final al corazón del enemigo: La ciudad de Cartago.
[1] Marcelo ordeno que le trajeran a Arquímedes, que con 75 años seguía incansable en busca de nuevos teoremas. Como se hallaba estudiando un complejo problema matemático, no hizo caso a la orden de los soldados romanos, lo cual conllevo a la muerte de este genio de las ciencias.
[2] Levino, quien había regresado triunfante de Grecia, y Flaco, tuvieron posiciones opuestas sobre el trato que se debía dar a los habitantes de Capua. Finalmente, el Senado apoyo a este último, lo que implico, entre otras cosas, que los senadores de dicha ciudad fuesen ejecutados y todos los oficiales de su ejército se vendieran como esclavos.
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