domingo, 24 de enero de 2010



Ya era tiempo de dedicarle una entrada a uno de mis libros favoritos, escrito por el personaje que he elegido como mi avatar en este blog. El Arte de la Guerra de Sun Tzu es una obra admirable por la claridad con la que está escrita, con un estilo conciso y directo, y que contiene ideas que aun hoy resultan aplicables. El primer ejemplar que llego a mis manos fue un regalo de mi tío Eugenio, luego de que finalizáramos de dar apoyo a un primo, en un trabajo para la Escuela Superior de Guerra de la Marina venezolana sobre De la Guerra de Clausewitz. En ese entonces yo tenía 18 años, y la lectura de esta obra fue cautivante desde la primera página y, tal como me sucedió cuando leí El Hombre que Calculaba y la Biblia, al finalizar la primera lectura pase de nuevo a la página 1 e inicie la primera relectura. No estoy seguro de que mi comprensión de Sun Tzu se totalmente adecuada, pero voy a tratar de hacer comentarios basado en mi propia interpretación de este clásico.

Primera cuestión: ¿Por qué estudiar el Arte de la Guerra?

Al inicio del capítulo 1 escribe Sun Tzu: “La guerra es un asunto de importancia vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación. Es indispensable estudiarla a fondo.”

Es probable que haya un poco de pesimismo y un tanto de paranoia detrás del desarrollo del pensamiento estratégico, como en esa canción de Roberto Roena: “Sentémonos a pensar, la vida ha de continuar... Es cierto se debe admitir, el mundo está lleno de maldad, pero al estudiar la situación entraremos en razón.” Por supuesto, si estamos realmente rodeados de peligros que hacen que la probabilidad de morir sea alta, es necesario dar algún tipo de respuesta. Los animales han desarrollado adaptativamente una enorme  cantidad de estrategias de supervivencia sin preguntarse porque, simplemente es cuestión de vida o muerte[1]. Claro que saber porque debemos apegarnos, o no, a la vida es de gran importancia en este momento, porque de eso depende que necesitemos de la estrategia. Eso es lo que Miyamoto Musashi redescubrió algunos siglos después de Sun Tzu, cuando dijo que de lo que se trata en el arte de la esgrima no es tanto de perder el miedo a la muerte como en poner toda la energía en preservar la vida. Y es que incluso seres tan desapegados a la vida como Buda y todos los patriarcas del budismo supieron preservar su vida a fin de poder persistir en su misión de salvar a todos los seres sensibles. Incluso Jesús de Nazareth les dijo a sus discípulos “Yo los envío como ovejas en medio de los lobos: sean astutos como las serpientes y sencillos como las palomas (Mt. 10:16).[2]






Cuando la integridad física está en juego, los sentidos se potencian y podemos evaluar opciones con gran precisión. En mi caso, recuerdo que cuando tenía 7 años me inscribieron en una escuela terrible, ubicada en un barrio marginal, donde los otros niños de mi salón (tercer grado) eran en promedio de 10 años de edad. Un grupo de mi salón estaba conformado por violentos repitientes a los que le gustaba golpear a niños más pequeños a la hora de la salida. De más está decir que yo me convertí rápidamente en uno de sus objetivos. Mi primera respuesta fue seguir el camino de mis héroes griegos y hacerles frente, pero acabe recibiendo unas golpizas fenomenales. A continuación, intente organizar a los débiles en contra de los fuertes, pero los débiles eran cobardes y, a la hora de la batalla, me dejaron solo frente a los gorilas. Un día me presente ante el líder de los bravucones para dialogar, le presente algunas ideas para mejorar la efectividad de sus actividades, cosa que le divirtió mucho y me dijo que podía sentarme con ellos. La cosa pudo haber acabado allí, pero la verdad es que no tenía estomago para soportar la compañía de esos compañeros, ni disfrutaba ninguna de las cosas que hacían; así que abandone ese grupo, y las palizas volvieron. Luego intente acudir a la Maestra, pero el líder de los malandrines era sobrino de la señorita, conclusión: también me gane la enemistad de la Maestra. Así que, como mis opciones se habían agotado, apliqué la que según los chinos la última de sus 36 estrategias: comencé a correr como alma que lleva el diablo al salir de la escuela. Un día, cuando mis perseguidores casi me alcanzaban, me lance dentro de una casa, y llorando le rogué a una señora que me defendiera de la paliza que me iban a dar; ella saco una escoba y le dio de palos a mis perseguidores, los cuales juraron que acabarían conmigo al día siguiente. Esa noche no dormí bien, pero estuve pensando que si alguien más fuerte que los malandrines de mi salón me acompañara a la salida de la escuela, me salvaría de las tundas. Casualmente, yo había venido haciendo amistad con un muchacho de sexto grado, un grandulón muy buena gente, al que le gustaba conversar conmigo durante los recreos, así que al día siguiente lo busque y le dije que me gustaría tomar el autobús con él a la salida, cosa que mi amigo acepto encantado. Ese día me fui caminando con mi amigo a la parada, y, cuando estábamos a la espera del autobús, llegaron de pronto mis enemigos, sedientos de venganza. Lo que vino después fue sublime, ya que mi amigo se interpuso entre mis perseguidores y yo, y le propinó un knock-out fulminante a cada uno. Desde ese día deje de ser perseguido[3].



Pero no es necesario que la vida esté en peligro para que aparezca la necesidad de pensar estratégicamente. La resolución de conflictos requiere del pensamiento estratégico, y creo que el conflicto es una parte esencial de la vida. Para ilustrar mi punto, tomemos, por ejemplo, la definición de economía que nos dejó Lionel Robbins: “the science which studies human behavior as a relationship between ends and scarce means which have alternative uses.” La escasez de los medios genera un doble conflicto: uno interno, porque nuestras necesidades compiten por la satisfacción, y otro externo, porque hay otras personas cuyas necesidades requieren ser satisfechas. Bajo la hipótesis de racionalidad perfecta[4], no existe conflicto interno: uno sería capaz de tomar decisiones sobre el uso de los recursos que considere un adecuado balance en la satisfacción de las propias necesidades. Aun en este caso, el agente debe computar un plan óptimo de uso de sus recursos. Adicionalmente, en lo que entramos en el reino de la racionalidad imperfecta, en donde las personas tienden a desviarse en la práctica de sus propios planes óptimos[5], el pensamiento estratégico adquiere un mayor protagonismo ya que hay que crear estratagemas para reducir las inconsistencias en la acción (o la disonancia cognitiva). Pero cuando nuestros intereses chocan con los de otros agentes, entramos en el terreno de la teoría de los juegos. Por último, creo los conflictos no solo están presentes en la esfera de la economía, ya que en toda acción colectiva en donde los resultados no afecten de la misma forma a los individuos involucrados poseen un potencial de conflicto, y por lo tanto de guerra, en un sentido muy amplio. Así que sí, vale la pena dedicarle algo de nuestro tiempo a esta materia.




[1] Siempre recordare con admiración la historia del inventor del Tai Chi Chuan, quien derivo los principios básicos de esta disciplina luego de observar a un ave luchar con una serpiente.

[2] El cristianismo tiene en el centro de su doctrina el que la vida del hombre se desarrolla en el marco de una guerra. En una próxima entrada me ocupare de algunos elementos interesantes de esta guerra.

[3] Por supuesto que yo había hablado con mi madre sobre el caso, pero ella decidió cambiarme de escuela cuando ya el problema estaba resuelto.

[4] En términos técnicos, la racionalidad perfecta implica que el individuo siempre va a actuar de acuerdo con el criterio de maximización de la utilidad, posee toda la información que necesita para la toma de decisiones y no tiene limitaciones computacionales para procesar dicha información.

[5] Un ejemplo clásico es el de los dulces y las caries. Uno podría decir que el plan óptimo incluye comer menos dulces, para evitar las caries, pero a la hora de comprar, uno puede desviarse de este plan y comprar muchos dulces. George Harrison le dedico una canción a su amigo Eric Clapton mas  o menos en esta línea (el video lo he pegado al final del texto principal).


Tags: Sun Tzu, Estrategia, Guerra

Publicado por Hakuin @ 15:25
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Buenísima y divertida la anecdota del curso escolar. Divertida, desde hoy, claro; me imagino que entonces no le veías gracia ninguna.
No tanto el esfuerzo en justificar la existencia de los ejércitos y la guerra como medio de defensa ante los ataques injustos de países hostiles... lástima que la historia se niegue a defenderlo.
Publicado por NinoSaturnino
lunes, 25 de enero de 2010 | 0:44
Hola Nino! La verdad sea dicha, ahora me muero de la risa recordando muchas cosas que en su momento parecian tan angustiosas Sonrisa Gigante
Mi argumento no es tanto a favor de ser agresivo, como de estar preparado para resolver cualquier conflcito que se presente. Claro esta que la linea divisoria entre ambas actitudes a veces se borra, como por ejemplo en la transcisión entre la necesidad de "un espacio vital" de los alemanes, y el ataque a Checoeslovaquia y la anexion de Austria por parte de Hitler.
de todos modos, seguiremos el dialogo. Saludos!
Publicado por Hakuin
lunes, 25 de enero de 2010 | 10:10

voy a ser breve

en tu post has dado en el clavo por asi decirlo

la frase del capitulo 1. la de hay que conocer la guerra ya que es un asunto de vida o muerte.

en en la mayoria de los prologos de arte de la guerra como articulos se olvidan de esa pequeña frase que no se repite, pero que al final le da una base a toda la lectura

en fin solo es mi aportacion y leer a Sun Tzu no es solo por hacer el mal sino saber como defenderse de el.

Publicado por Invitado
viernes, 02 de septiembre de 2011 | 17:49

voy a ser breve

en tu post has dado en el clavo por asi decirlo

la frase del capitulo 1. la de hay que conocer la guerra ya que es un asunto de vida o muerte.

en en la mayoria de los prologos de arte de la guerra como articulos se olvidan de esa pequeña frase que no se repite, pero que al final le da una base a toda la lectura

en fin solo es mi aportacion y leer a Sun Tzu no es solo por hacer el mal sino saber como defenderse de el.

Publicado por Invitado
viernes, 02 de septiembre de 2011 | 20:20