sábado, 16 de enero de 2010



Hace poco me encontraba  leyendo una edición inglesa de las Vidas Paralelas de Plutarco, y me llamo la atención una frase de Emerson sobre esta obra, que los editores colocaron en la portada del primer tomo, en la que declaraba que la misma era una “escuela para héroes”. Siempre recordare con emoción relatos como el de Teseo, quie teniendo a su disposición dos formas de regresar a Atenas, una segura por mar y una extremadamente peligrosa por tierra, no dudo en tomar el camino difícil, ya que eso le daba la oportunidad de lograr hazañas similares a las de su primo Heracles. Nosotros, los jugadores de ajedrez, también tenemos nuestros héroes; jugadores legendarios de tiempos pasados, que nos inspiran a superar nuestras limitaciones. Pienso, por ejemplo, en Capablanca, llamado “La Máquina de jugar ajedrez” por haber pasado ocho años sin conocer la derrota, en Lasker, pensador y luchador incansable que fue campeón mundial por 27 años, y en Morphy, genio indiscutible y estrella fugaz que iluminó el firmamento ajedrecístico.

Paolo Boi, considerado el tercer campeón mundial del juego ciencia, es uno de los grandes héroes del panteón ajedrecístico. Paolo nació en Siracusa (Sicilia) en 1528, en el seno de una familia rica. Desde muy joven se le ofrecieron oportunidades de desarrollo en cualquier campo, pero el eligió ser un jugador de ajedrez. ¿Porque jugar ajedrez? Es una pregunta difícil de contestar, especialmente porque normalmente solo los ajedrecistas saben la respuesta, sin embargo el Maestro Tarrasch es quien, a mi juicio ha elaborado la mejor respuesta:  ”El Ajedrez es una forma de producción intelectual que tiene su encanto peculiar. La producción intelectual es una de las grandes satisfacciones -sino la mayor- al alcance del hombre. No todos pueden componer una pieza musical inspirada o construir un puente; sin embargo, en Ajedrez todo el mundo es intelectualmente productivo y por consiguiente, cada persona que lo practica puede experimentar una satisfacción... El Ajedrez, como el amor, como la música, tiene la virtud de hacer feliz al hombre.”[1]

Paolo se convirtió en el mejor jugador de Sicilia y solo se le consideraba ligeramente inferior a Leonardo da Cutri alrededor de 1560. Se le consideraba un jugador de gran capacidad combinatoria y de agiles reflejos. Su capacidad para jugar a la ciega hasta tres partidas simultáneamente llamó la atención de poderosos mecenas, el Papa Paulo III y Catalina de Medici[2] le brindaron  apoyo financiero en sus años como campeón de Sicilia. El Principe Fabrizio Gesualdo de Venosa  le permitió establecer una academia de ajedrez en su palacio donde recibía ingresos por 300 escudos al año, y fue allí donde se encontró por primera vez con Leonardo da Cutri, quien venía de perder en Roma ante Ruy López.  Los estilos de juego de ambos eran diametralmente opuestos, ya que Boi era rápido y arriesgado, mientras que Leonardo era pausado y preciso.  La primera partida entre estos Maestros termino en empate, y allí comenzó una gran amistad y una rivalidad eterna. Posteriormente, el  Papa Pio V le ofreció a Paolo unos fabulosos ingresos si aceptaba recibir las órdenes sagradas. Sin embargo, Paolo prefirió seguir la propuesta de su gran amigo, Leonardo da Cutri para entrenar infatigablemente y conquistar el título supremo.

En 1575, Paolo viaja a España, en donde repite la hazaña de Leonardo al derrotar a los mejores jugadores de la corte de Felipe II. Un elemento llamativo de estos encuentros es que, a diferencia de la táctica empleada por Leonardo, Paolo derroto a los españoles en su propio terreno: el de la lucha a través de medios tácticos. Sin embargo, dado que su victoria no fue tan espectacular como la de Leonardo, e incluso perdió algunas partidas con adversarios de menor nivel.  Paolo recibió un premio comparativamente menor.  El Rey otorgó a Paolo 500 coronas y una carta de recomendación dirigida a su hermano, Juan de Austria. De regreso a Italia, fue capturado por piratas argelinos y vendido como esclavo, pero logro liberarse gracias a que le gano a su dueño una fortuna jugando al ajedrez. Una vez que regresa a Italia, se encontró de nuevo con Leonardo. Allí se entera del reto enviado por el Rey de Portugal, para enfrentarse con los mejores jugadores de ese país, entre los que destacaba un fuerte Maestro llamado Il Moro. Paolo viaja con Leonardo a Portugal, y ambos tienen éxito absoluto en sus encuentros. Sin embargo, en un encuentro organizado en la corte de Lisboa, Paolo fue derrotado por Leonardo.

Paolo Boi decide quedarse en Portugal por un tiempo, y se hace rico gracias al ajedrez. Esto le permitió financiar una gran empresa que había soñado desde hacía tiempo: recorrer todos los lugares en donde se jugara el ajedrez y enfrentarse a los mejores. En sus viajes recorre Génova, Milán y Venecia, y luego se adentra en Hungría, donde juega con turcos montados a caballo[3]. A su regreso a Italia, juega una última y decisiva partida con Leonardo, la cual termina en tablas. A la muerte de Leonardo, Paolo fue reconocido como el mejor jugador del mundo, título que ostentaría por diez años, hasta que en 1598, tres días antes de morir, fue derrotado por Alessandro Salvio. Salvio era un estudioso del juego cuya pasión fue alimentada por las historias que escucho en su juventud sobre los dos héroes ajedrecísticos de Italia: Leonardo da Cutri y Paolo Boi.



Hasta aquí la historia, pero queda una leyenda adicional[4]. Se dice que en uno de sus viajes por Italia, Paolo se encontró con una hermosa muchacha que lo invito a jugar ajedrez, y que a ella le gustaba jugar con las piezas negras. Paolo acepto de inmediato pensando que sería una partida ligera, pero durante la misma se dio cuenta de que su rival tenía un nivel por encima del de los maestros que había conocido. Un ángel susurro a su oído que estaba jugando con el Diablo, y se dio cuenta que se encontraba ante un dilema: si ganaba, la venganza del demonio sería terrible, y si perdía era posible que su alma seria arrebatada. La posición estaba de esta forma:

 

Paolo rezo firmemente para que Dios le ayudara a ver una salida, cuando de pronto sintió como si un rayo retumbara en un cielo despejado: ¡había encontrado la salida al problema! Luego de 1. Txg7+, Rf6 2. Dxc6+!, Txc6 3. Txc6+, Dd6 4. Txd6+, cxd6 5. Cc7, d5 6. Cxd5+, Re6  7. Te7 no solo le da mate, sino que en el tablero se dibuja una sagrada cruz que hizo al diablo huir espantado y lanzando juramentos.




[1] Es obvio que el héroe ajedrecista parece contener en su esencia esa mezcla de artista y crítico (las dos perspectivas opuestas en la “Critica del Juicio” de Kant) que de acuerdo a Nietzche fue la causa de la decadencia del arte griego. Nietzche atribuye el carácter ajedrecístico de la tragedia en Eurípides a la influencia de Sócrates, en quien “…el instinto se convierte en crítico, la conciencia en un creador”. El Gran Maestro Smyslov expresa esta especie de paradoja en la esencia del ajedrecista, al sentenciar que “la maestría en Ajedrez significa un logro creador y un logro científico”.

[2] Catalina, hija de Lorenzo II de Medici y Reina de Francia, fue la figura detrás de la ”matanza de San Bartolomé”, en la cual murieron más de 3000 hugonotes. Esta historia está bien narrada en la magnífica película “La Reina Margot” centrada en una de las hijas de Catalina. Catalina fue conocida además por proteger al arquitecto Philibert de L'Orme, quien dirigió la construcción del Palacio de las Tullerias, y también al vidente Michel de Nostradamus.

[3] El hecho de que los turcos jugaran normalmente a la ciega es utilizado por Leibniz en sus “Nuevos Ensayos sobre el Entendimiento Humano” como una analogía que muestra que el espacio es un sistema de posiciones relativas que se construye en la mente, más que un lugar absoluto y objetivo (como un tablero). Por supuesto que los argumentos más poderosos los exhibe Leibniz en su correspondencia con el vocero de Newton, Samuel Clarke.

[4] El problema asociado a la leyenda fue publicado por Gumpel en 1878 en La Strategie.


Tags: Paolo Boi, Ajedrez, Estrategia

Publicado por Hakuin @ 16:57
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efae
Publicado por Invitado
domingo, 25 de abril de 2010 | 1:25