Luego de su espectacular maniobra, Aníbal se posicionó en el norte de Italia, donde, luego de aplastar a los ligures (Etruria), derrotar a los dos Cónsules romanos[1] y alzar contra Roma a los galos, decide acampar durante el invierno. Los romanos envían a sus dos recién electos cónsules a detenerlo en la primavera, y cada uno marcho hacia las dos posibles vías de invasión hacia Roma: Gayo Flaminio fue hacia Arezzo en el oeste, y Servilio Gemino a Rimini por el este. Aníbal, habiendo estudiado detenidamente el carácter de cada cónsul y obtenido información adicional sobre el territorio, decidió ir por el oeste. Sin embargo, en lugar de ir por el camino principal, hizo que su ejercito atravesara los pantanos, un camino corto y peligroso. A pesar de las perdidas sufridas en terminos de tropas y caballos, la maniobra lo llevó a colocarse entre el ejército de Flamínio y Roma[2]. Por si acaso esto no fuera un motivo suficiente para atraer al cónsul al combate, Aníbal ordenó la devastación de las zonas aledañas. Flamínio comenzó a perseguir a Aníbal, y este se fue “erróneamente” a encerrar entre las montañas y el Lago Trasimene. Flaminio no dudo en seguir la persecución, pero cayó en una trampa: a medida que entraba en el “terreno peligroso”, Aníbal fue ordenando a las fracciones móviles de su ejército que se ocultaran en los tupidos bosques de las colinas cercanas, y formó a su falange frente a su campamento[3], los romanos atacaron, pero pronto se vieron rodeados y aniquilados. Esta estratagema, brillantemente concebida y ejecutada, ha sido llamada, “la emboscada más grande de la historia.” Polibio comenta, sobre la batalla de Trasimene, que “así como al quitársele a un barco su navegante, este caerá con toda su tripulación en las manos del enemigo; así, cuando enfrentas a un ejército en la guerra, si eliminas la capacidad de hacer elecciones correctas al General enemigo, todo su ejército caerá en tus manos.”
Es aquí donde entra en escena Fabio Máximo. Según Plutarco, el primer Fabio fue hijo de Hércules y una Ninfa, y sus descendientes se convirtieron en una destacada familia de la nobleza romana. Fabio Máximo fue un niño de carácter extremadamente pacífico, por lo que los otros niños lo llamaban “la oveja”; más aun, su lentitud al hablar, dificultad para aprender, poco interés en los deportes, y actitud sumisa hizo que se le considerara un idiota. Sin embargo, al final completó la educación política y militar necesaria para aspirar a ser un líder en Roma. Incluso durante su primer consulado, fue reconocido por pacificar la zona de Etruria mediante una importante victoria militar frente a los ligures.
Luego de la batalla de Trasimene, el Pretor Pompónio llamó a una asamblea de ciudadanos en la que declaró: “Hemos sido derrotados en una gran batalla; el Cónsul Flamínio ha muerto; piensen, por lo tanto, que debe hacerse para garantizar su seguridad.” Dada la crisis, se hizo necesario escoger a un Dictador, y allí fue cuando Fabio Máximo fue aclamado, justamente por su “feliz combinación de cautela y confianza” (Plutarco). La primera medida de Fabio Máximo fue orientada a neutralizar el efecto psicológico de las maniobras de Aníbal, que habían sembrado el terror entre los ciudadanos de Roma. En efecto, hizo un llamado público a no olvidar a los dioses y emprender acciones para hacerlos propicios en este momento tan difícil; luego consulto los libros sibilinos[4], y en base a su interpretación decretó una gran fiesta religiosa en la que gastó 333 sestercios y 333 denarios. Fabio esperaba inicialmente que Aníbal sitiara Roma, pero esto no sucedió, lo cual constituye un misterio de la historia. La hipótesis mas comúnmente citada es que Aníbal carecía de la adecuada preparación para ejecutar un sitio, aunque esa no debe ser la única razón para no haber atacado directamente a Roma. Una hipótesis que me agrada particularmente es que Aníbal, una vez asegurada la alianza con los galos en el norte, quiso levantar a los pueblos del sur de Italia en contra de Roma. Si esto es cierto, entonces Aníbal estaba aplicando una estrategia que, en términos boxísticos, sería como si un pegador de peso pesado se planteara ganar una pelea por puntos, asignando a la amenaza de un knock-out un papel disuasivo: el rival estaría continuamente ante el dilema de agotar los rounds con una actitud pasiva y perder por puntos, o buscar la pelea adentro y arriesgarse a ser derribado tempranamente.
La grandeza de Fabio se hace evidente en la siguiente etapa de la guerra, ya que, dado el dilema planteado por Aníbal, decide irse por la senda del “filo de la navaja”: una concepción de “Gran Estrategia” que no consistió en simplemente en evitar el combate, como un análisis superficial podría sugerir, sino en embarcarse en una “guerra de desgaste” moral. La forma de ejecutar esta estrategia fue magnífica, ya que no era una actitud pasiva, sino que mantuvo al ejército romano en la búsqueda de batallas en las mejores condiciones, sin dejarse llevar por los impulsos agresivos que habían causado las primeras derrotas. En particular, Fabio siempre trató de mantener a sus tropas en posiciones donde el terreno no favoreciera el despliegue de la caballería cartaginesa. Como beneficio adicional, el plan de Aníbal de romper la unidad de Roma y sus aliados italianos fue demorado.
Pero como acertadamente escribe Lidell Hart, la guerra de desgaste es un arma de doble filo, que se puede volver en contra de uno mismo. Los ciudadanos romanos comenzaron a perder la paciencia con las estrategias fabianas, y deciden nombrar a Minicio como co-Dictador. La impaciencia de Minicio casi causa la debacle del ejército, y la cercanía del desastre permitió que Fabio pudiera retomar su estrategia original. Finalmente, cansados de tanta "pasividad", los romanos deponen a Fabio y se vuelve nuevamente al sistema de Cónsules. Los primeros dos Cónsules deciden dar continuidad a las estrategias fabianas, lo cual llevó que se nombrara Cónsul a Varrón, un hombre impetuoso e ignorante, con la orden expresa de librar batalla con Aníbal y el comando del mayor ejercito puesto en el campo (ocho legiones) en toda la historia de Roma.
El otro Cónsul, Paulo, propuso maniobrar un poco hasta encontrar el mejor momento y lugar para una batalla decisiva, pero Varrón aprovecho uno de sus períodos al mando para presentar batalla en Cannas (216 a.c.). Eso era lo que Aníbal había estado esperando, la oportunidad de quebrar física y moralmente a Roma. La disposición de las tropas de Cartago y sus aliados tenía a los infantes íberos y galos en el centro, formados mas adelante que el resto del ejército; los veteranos cartaginenses iban divididos entre los dos flancos; en el flanco izquierdo la caballería de galos e hispanos enfrentaba a la caballería romana, mientras que en el flanco derecho la caballería númida enfrenaba a la caballería de los aliados de Roma. Los romanos formaron sus legiones en tres poderosas líneas, y de inmediato se vieron atraídos, como por un imán, por la vanguardia enemiga. La infantería galo-hispana sufrió muchas bajas durante el empuje romano, y comenzó a retroceder, pero esto sirvió para comprar el tiempo necesario para que la caballería del flanco izquierdo aniquilara a la romana.

En la siguiente etapa de la batalla, mientras que la caballería galo-hispana se unía a la númida para destruir la resistencia de la caballería italiana, los veteranos africanos se movilizaron para presionar ambos flancos de la infantería romana. Una vez que la caballería cartaginesa quedó libre, se abalanzó contra la retaguardia de la infantería romana, y la batalla se transformó en una carnicería. 
Según Polibio, de 76.000 efectivos romanos, murieron 70.000, entre ellos el Cónsul Paulo, mientras que Varrón fue de los pocos que pudo escapar con vida. Tito Livio refiere que, aunque la batalla sirvió para romper temporalmente la unidad italiana, no destruyó a la misma Roma, en gran parte por la vuelta a la escena de Fabio Máximo, quien en un elocuente discurso les dijo los romanos: “Como en esta guerra y con este enemigo jamás General alguno cometió un error sin que ello supusiera un grave desastre para nosotros, es conveniente que emitáis el voto para la elección de Cónsules tan alerta como cuando salís armados al campo de batalla; que cada cual se diga a sí mismo: voto por un Cónsul que esté a la altura de Aníbal como General.”
[1] A Publio Cornelio Escipión lo derrota en una refriega en Ticino, en donde el Cónsul fue rescatado por su hijo (al cual llamarán posteriormente Escipión El Africano); y a Tiberio Sempronio Longo, quien tuvo que regresar desde Sicilia, lo vence en Trebia, en una estupenda obra de arte táctica.
[2] Polibio resalta que a los propios soldados del ejército invasor le resultaba demasiado riesgosa esta maniobra. Lidell Hart hace un comentario interesante sobre esta maniobra en su Strategy: “Los soldados normales prefieren lo conocido a lo desconocido. Aníbal no fue un General normal, y por lo tanto, como otros Grandes Capitanes, elige enfrentar las condiciones más azarosas antes de la certidumbre de enfrentarse a su oponente en una posición de su elección.”
[3] La noche antes de la batalla, Aníbal ordenó que un grupo de sus tropas encendiera fogatas en un par de kilómetros más adelante, de manera que la primera sorpresa de los romanos fuera encontrados formados un poco antes de lo esperado.
[4] De acuerdo al artículo de la Wikipedia, “La sibila de Cumas se presentó en cierta ocasión ante el rey romano Lucio Tarquinio el Soberbio como una mujer muy anciana y le ofreció nueve libros proféticos a un precio extremadamente alto. Tarquinio se negó pensando en conseguirlos más baratos y entonces la sibila destruyó tres de los libros. A continuación le ofreció los seis restantes al mismo precio que al principio; Tarquinio se negó de nuevo y ella destruyó otros tres. Ante el temor de que desaparecieran todos, el rey aceptó comprar los tres últimos pero pagó por ellos el precio que la sibila había pedido por los nueve. Estos tres libros fueron guardados en el templo de Júpiter en la ciudad de Roma y eran consultados en situaciones muy especiales. Son los llamados Libros sibilinos. Estaban escritos en griego, en hojas de palmera, que posteriormente pasaron a papiro…Parece que Cicerón pudo leer los libros sibilinos pues dice que estaban trabajados y escritos con arte y diligencia y que eran acrósticos. San Agustín en su Ciudad de Dios, libro XVIII, cap. 23 habla de un acróstico de la sibila eritrea cuyas letras iniciales formaban este sentido: Jesous Cristos Theon vios soter, Jesucristo hijo de Dios salvador.”
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Interesante historia, la estrategia que más llamó mi atención es, cómo se puede cercar al enemigo de manera tal que las únicas opciones son malas?, es decir, cómo se puede forzar el error de tal manera?. Y lo otro, es cómo eligieron a un hombre tan contrario a lo que personificaba a un gran guerrero? Los cambios de paradigma a veces traen sus sorpresas.
Hola Kaoru, amor mio. Tus preguntas me dan pie para añadir algo en la polemica sobre el porque Anibal no atacó y cercó Roma. Además de lo que expuse en la entrada, es posible que Anibal dejara abierta la posibilidad de que Roma formara ejercitos y se enfrentara con el en batalla, de manera que una sucesión de derrotas finalmente haria que la ciudad se rindiese. Esto estaria conforme con la recomendación de Sun Tzu: "Hay que dejarle salida al enemigo cercado", y que Tu Mu glosa dicendo: "Muestrale una via de escape y que no necesariamente debe morir. Entonces atácale."
Con relación a la elección de Fabio Máximo, solo diré que la magnitud de la crisis debio haber sido tal que el pueblo romano, en contra de los valores morales predominantes, seleccionó a un hombre prudente.