sábado, 28 de noviembre de 2009



Nunca voy a olvidar que, cuando era un niño de 7 años, encendí una noche el televisor y vi una escena sorprendente: Un general llamado Aníbal (interpretado por Victor Mature) dirigía un grupo de hombres, caballos  y elefantes (!) en un camino a través de los Alpes. Para evitar que narrar tanta batalla resultara aburrido para el gran público, la película incluía un toque de romance entre Aníbal y una chica romana. ¿Por qué Aníbal no escogió un camino más fácil y directo? Fue una pregunta que me acompañó desde entonces y que motivo lecturas posteriores, e hicieron que las guerras púnicas constituyan uno de los periodos de la historia más fascinantes que he estudiado.



En 264 a.c. chocaron dos poderosas fuerzas que habían venido expandiendo sus dominios, Cartago en el Mediterráneo y Roma en la península de Italia[1], en lo que se llamó la Primera Guerra Púnica. El lugar de encuentro de estas dos superpotencias fue Sicilia[2]. Al principio, parecía que la superioridad naval de los cartaginenses serviría para mantener a raya al poderío terrestre de los romanos, pero una innovación tecnológica cambiaría el curso de la guerra. Polibio cuenta que la gran fuerza moral de los romanos los llevo a concentrarse en buscar batallas decisivas justo en el campo en que sus enemigos eran más fuertes. Los romanos desarrollaron un mecanismo que facilitaba el abordaje de los barcos enemigos, llamado el cuervo[3], al tiempo en que ponían gran cantidad de recursos en la construcción de barcos de guerra. En 260 a.c., luego de una derrota a manos de la armada cartaginesa, el nuevo almirante romano, Gayo Duilio, desafió a la armada cartaginesa bajo el mando de Hanno a una batalla en Milazzo, cerca de Messina; esta fue la primera victoria naval para los romanos.

Luego de cuatro años de lucha, la flota romana se abrió paso hacia el norte de África, mediante la victoria en Ecnomus. Los romanos enviaron una fuerza expedicionaria que llegó cerca de Cartago y demandó la rendición, pero el ejército cartaginés, dirigido por el mercenario espartano Jantipo se aprestó para la batalla. Es de destacar que mientras los romanos se hacían fuertes en el mar, los cartaginenses invirtieron esfuerzos en mejorar sus capacidades terrestres. Jantipo había creado una formación que se volvió típica en el ejército de Cartago: con caballería en las alas, infantería de mercenarios a la derecha y una infantería cartaginesa en el centro (formados en una falange) detrás de una línea de elefantes. Para la batalla de Túnez, El general romano, Marco Atilio Regulo, estableció un arreglo que permitía abrir los espacios necesarios para que los elefantes pasaran de largo, pero estos agujeros fueron vulnerables al ataque de la formidable caballería cartaginense. Al final, solo una octava parte de las tropas romanas pudo regresar a los barcos[4].

Los estrategas romanos se rehusaron a firmar la paz propuesta por los cartaginenses, y decidieron que la prioridad era terminar de expulsar a los cartaginenses de Sicilia, donde el general Amílcar Barca hacía difícil el avance romano, poniendo en práctica una exitosa guerra de guerrillas, ya que si esta isla caía en manos romanas, la guerra estaría decidida. Asdrúbal, hijo de Hannon y yerno de Amílcar, estaba en una buena posición defensiva en Palermo, pero un golpe del destino hizo que perdiera todos sus elefantes en una batalla. Los cartaginenses se retiraron a su última fortaleza defensiva en el extremo oeste de la isla: Lilybaeum. Los romanos, luego de varios intentos fallidos de penetrar en la fortaleza, sitiaron la ciudad. Pero el sitio solo sería exitoso si se podía impedir que la flota cartaginesa llevara provisiones a la fortaleza. Esta guerra de desgaste tuvo alzas y bajas, pero al final una serie de victorias navales de los romanos forzaron a Cartago a pedir la paz.

Las ambiciones de Cartago habían sufrido un duro golpe, pero los líderes cartaginenses idearon una manera de recuperar parte del terreno perdido: la expansión en Iberia. A tal fin se designó a Amílcar Barca[5] general del ejército cartaginés a ser enviado al suelo europeo. De acuerdo con Cornelio Neponte, Aníbal conto posteriormente que: ”Mi padre Amílcar, cuando era yo un niño de no más de nueve años, al salir de Cartago para dirigirse a Iberia como general, inmolo victimas a Júpiter Optimo Máximo, y mientras hacia estos sacrificios me preguntó si quería ir con él a la guerra. Al decirle yo que iría con mucho gusto y rogarle que no dudara en llevarme, el me contestó: ‘está bien, iras si me juras lo que te voy a pedir’. Al momento me llevó junto al altar ante el que estaba haciendo el sacrificio y, ordenando que se fueran los demás, me hizo jurar que jamás firmaría una paz con Roma”.



Tras las muertes de Amílcar (228 a.c.) y Asdrúbal (221), Aníbal toma el mando del ejército en Iberia. El tratado de paz firmado con los romanos al final de la primera guerra prohibía a los cartaginenses cruzar el rio Ebro,  de manera que Aníbal se dedicó a someter a las tribus del norte de Iberia, para luego capturar la ciudad griega de Sagunto. El ejército de Aníbal tenía, para bien o para mal, una gran diversidad étnica: Veteranos cartaginenses, unidades de infantería cohesiva y veloz, caballería númida, caballería e infantería hispana, honderos mercenarios de las Islas Baleares, elefantes de guerra y Lanceros de Nubia. Luego procedió a implementar su brillante estrategia contra Roma. En primer lugar, sabiendo que Roma reaccionaria de nuevo con una guerra en varios frentes, dividió el ejército en tres partes, una quedaría en Iberia para mantener el territorio recién conquistado, otra se marchó a Cartago, para reforzar la defensa, y el resto cruzo el rio Ebro junto a su líder.

Mientras tanto los romanos sabían que Aníbal intentaría atacar Roma con una maniobra desde Iberia. Y sabían también que la razón no era por su superioridad naval, sino más bien para asociarse con los celtas en un ataque combinado desde el norte[6]. Los estrategas romanos trazaron entonces un plan que parecía “a prueba de balas”: En primer término, Se habían anexionado la Galia Cisalpina, con la finalidad de disuadir una posible alianza con los invasores.  Además, mientras que uno de los cónsules, Publio Cornelio Escipión, iría a interceptar a Aníbal en Marsella, con un contingente de dos legiones (8.000 infantes y 600 unidades de caballería), junto a 14.000 infantes 1.600 unidades de caballería reclutados de los aliados italianos, y 60 barcos de guerra, el otro cónsul, Tiberio Sempronio Longo, con un ejército similar, aunque con el triple de barcos, se dirigió a Sicilia para preparar la invasión a Cartago. Un  tercer contingente fue enviado a la Galia Cisalpina para contener  a los recién conquistados.

La verdadera grandeza de Aníbal se manifiesta por primera vez en todo su esplendor en la primera fase de la guerra: en lugar de tomar la ruta que habían anticipado los romanos, cruzó el Rhône mucho más al norte de lo que los romanos habian previsto, donde era más difícil, y, no contento con eso, marchó al norte cruzando un territorio hostil para luego virar y atravesar los Alpes hacia la Galia Cisalpina. Esta maniobra contiene la esencia de lo que Liddell Hart llamo aproximación indirecta, un concepto que fue elaborado por primera vez por Sun Tzu: “Si las tropas enemigas se hallan bien preparadas tras una reorganización, intenta desordenarlas. Si están unidas, siembra la disensión entre sus filas. Ataca al enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera. Estas son las claves de la victoria para el estratega.”


[1] Es notable que el legendario Rey Pirro de Epiro, doce años antes de estos eventos, al retirarse de Sicilia, durante una campaña en la que combatió contra romanos y cartaginenses, dijo: “Vaya campo de lucha estamos dejando, mis amigos, para cartaginenses y romanos”.

[2] Todo comenzó en una lucha entre Cartago y Siracusa por el control del estratégico puerto de Messina (270 a.c).. Esta ciudad había caído en manos de mercenarios procedentes de Campania, autodenominados los Mamertinos (Hijos de Marte). Cartago fue primera en tomar control de la ciudad y los Mamertinos pidieron ayuda a Roma. Los romanos tomaron la ciudad, expulsaron a los cartaginenses,  y establecieron una guarnición (264 a.c.).

[3] Lo tradicional en las batallas navales era utilizar las embestidas o el fuego para destruir los barcos enemigos. Lo genial del invento romano era que permitió que tropas de infantería se trasformaran en un factor decisivo en el mar.

[4] Luego de esta victoria y seguros de que se había aprendido la lección de estrategia y organización militar, el Senado de Cartago no solo se rehusó a pagarle a Jantipo, sino que lo condenó a muerte, lo cual forzó a el estratega espartano a huir de la Ciudad.

[5] Amílcar acababa de salvar a Cartago en la “guerra de los mercenarios”, ocurrida después de la derrota ante Roma.

[6] Liddell Hart en Strategy argumenta que la tradicional interpretación de la razón detrás de la invasión terrestre, la imposibilidad de lanzar un desembarque, es errónea ya que se interpreta de manera exagerada la superioridad naval de Roma.


Tags: Guerras Punicas, Cartago, Roma, Anibal Barca, Estrategia

Publicado por Hakuin @ 22:59
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Anda que no te enrollas tú para al final explicar qué significa el título de tu blog. Jeje.
Justamente con Anibal aparece mi ciudad (Salamanca) citada por primera vez en la historia. Por una primera victoria de las salmantinas (terminado en AS) a los cartagineses.
Trabajo para google.
Publicado por NinoSaturnino
domingo, 29 de noviembre de 2009 | 2:55
Hola Nino! Debo reconocer que no me habia detenido demasiado en la "campaña de Anibal en el Duero", pero gracias a tu comentario he leido un poco más sobre esta campaña, y hasta me topé con una referencia a este ensayo sobre las salmantinas: M.ª C. Fernández Chicarro "Valor de las mujeres salmantinas en las campañas contra Hannibal, Helmantica, 17, 1954, pp. 257-264)." Mujeres al poder! Sonrisa Gigante
Publicado por Hakuin
martes, 01 de diciembre de 2009 | 11:44
Madre mía!! yo alucino contigo y con internet!!
Publicado por NinoSaturnino
jueves, 03 de diciembre de 2009 | 0:35
Qué acotación tan interesante lo de las salamantinas, será que eran las pares de las amazonas, estirpe de mujeres guerreras!!! Por lo demás, debo decir que viendo que ambos ejercitos (El romano y el cartaginés) siempre estaban en la búsqueda de la aplicación de la estrategia de la victoria (sucede igual entre las empresas de nuestro mundo moderno), es evidente que la creatividad juega un papel preponderante en todos los ámbitos de la vida, y la guerra no escapa de su uso. Bien lo decía Enistein "En los momentos de crisis sólo la creatividad es más importante que el conocimiento."
Publicado por Kamiyakaoru
domingo, 28 de marzo de 2010 | 20:36